En
el siglo XV, se hizo una modificación de este sistema que fue decisiva
para aumentar la eficacia del arma, la incorporación del serpentín, que
consistía en un brazo de hierro en forma de "S" empernado por su centro
al lado derecho de la caja y al que se fijaba en su extremidad superior
un trozo de mecha empapada en una solución de nitrato potásico. Dicho
mecanismo se activaba provocando la rotación de la pieza hasta que la
mecha se ponía en contacto con la pólvora del fogón, que al principio
estaba ubicado en el centro del arma y para finales del siglo XV se
colocó por razones técnicas en una posición lateral, naciendo así la
cazoleta, un receptáculo en forma de cuchara soldado al cañón y provisto
de tapa.
El serpentín se perfeccionó con la creación de otros sistemas
similares pero que eran más complejos y estaban más perfeccionados. Uno
de ellos era la sierpe a resorte, que utilizaba un fiador (resorte) para
tener levantada la mecha, lista para disparar, lo cual permitió que el
funcionamiento de las armas fuera más rápido y se pudieran construir los
primeros arcabuces para cazar; otro sistema muy utilizado fue el de
pestillo o palanca, que fue el preferido para usos militares hasta
principios del siglo XVIII, durante doscientos años, debido a su
simplicidad, robustez y bajo precio.